Rodolfo Molina Araújo: un verdadero sobreviviente

Por Taryn Escalona

@tarynescalona

Esta mañana hablé con Rodolfo Molina, lo sentí emotivo, calmado, lleno de sueños y preñado de esperanzas. Rodolfo es para muchos el Presidente de la Fundación Festival Vallenato; para sus amigos es simplemente Rodo, el paisano, el amigo.

Esta mañana, mientras hablaba con Rodolfo, pensaba en las tres oportunidades que la vida le ha dado de resistir a las tragedias por las que ha tenido que pasar desde niño.

También pensaba que Rodo Molina Araújo es en verdad un sobreviviente en potencia, elevado a su máxima expresión.

Su última gran prueba, no ha terminado aún, porque apenas se está recuperando. Rodo Molina acaba de domar la etapa más difícil del Covid; esa que estás que te quedas o te vas más lejos, ya que le faltó poquito para ser Intubado en la unidad de cuidados intensivos. Su resistencia física y su fe en Dios y en la vida, terminaron por vencer al animal en forma de virus, que no se quiere alejar de la humanidad.

El tercer hijo de consuelo Araujonoguera, ‘La Cacica’; vivió el desespero, la angustia y el dolor, que causa esta terrible enfermedad, en la habitación 226 del Instituto Cardiovascular del Cesar, en la ciudad de Valledupar.

Hasta allí llegó conducido por su hijo Jaime Daniel, joven médico que hoy realiza la especialización en Medicina Interna en la ciudad de Bogotá. Por eso mismo, el joven sabía a qué se enfrentaba su familia, cuando inició la confusión en la casa de los Molina Meza, al notar que los niveles de oxígeno en su padre, empezaron a descender de manera alarmante.

Molina Araújo, no sabe cómo llegó el virus a él y los miembros de su familia; lo único que sabe explicar es el temor tan grande que la causó saberse ahí, internado, escuchando historias de vida y de muerte.

Hoy recuerda su agonía, pensando sí sería el siguiente en pasar a una UCI especial del centro asistencial, registrada con un mejor nombre que puede acercar el favor de Dios hacía los enfermos; ‘Sala Esperanza’, donde llegan los más graves en busca de un aliento y una oportunidad de vida, que no los deje avanzar hacia lo desconocido.

Su vecino Jorge Oñate

Paradójicamente, por esas cosas de la vida, Molina se enteró que había llegado un nuevo paciente a la habitación de al lado, ese nuevo vecino era el cantante Jorge Oñate. Rodo en vez de alegrarse por tener compañía conocida, se entristeció; no quería que Oñate, ni nadie, pasara por sus sufrimientos y mucho menos por su misma agonía.

Sin embargo, quiso pintar ese día de ilusión, pensando que tal vez Oñate al saber que estaba ahí, cerquita, no se sentiría tan solo. Por esa razón le mandó saludos con la enfermera; autorizándola a decirle que eran vecinos. Oñate al conocer la noticia se echó a llorar.

El trasegar de una enfermedad

Cuando Rodo Molina ‘aterrizó’ su ingreso a la clínica, quiso conservar la mejor actitud; pensando que si se deprimía, le iba peor; pero nadie está preparado para un momento como ese, donde cada día es un desafío al existir. El segundo día de su llegada bajó la saturación de oxigeno un poco más; no obstante haciendo el más grande esfuerzo y pegado de su fe; seguía empujando el oxígeno a sus pulmones.

Lo que no le ayudaba mucho a permanecer tranquilo, era saber que en su piso, algunos de los que estaban cerca, por las complicaciones propias del flagelo escalaban el penúltimo peldaño de la enfermedad. Algo así como una balanza donde se pesa la vida y se cruzan linderos entre el viaje y el regreso.   Otros ni siquiera alcanzaban ese trapecio.

Cuando las cosas empezaron a complicarse, vino la fórmula mágica para ayudar a algunos en esa etapa intermedia. Le recomendaron que durmiera boca abajo; algo que no muchos toleran. Rodo es uno de esos, pero se tuvo que inventar la forma de tolerar esa posición. Me explicó como todo un experto en la materia, que es importante hacerlo, para detener el avance de la enfermedad.

Sí; Molina aprendió mucho de esta triste experiencia, y aprendió mucho del funcionamiento de los pulmones, de sus cavidades, de la forma en que se contrae con la enfermedad; pero también aprendió a valorar mucho más la vida, a su familia y a sus amigos que lo acompañaron con sus oraciones.

La tercera vez

Para mí, Rodolfo Molina Araújo es un verdadero sobreviviente y no de un reality, es un gladiador de mil batallas, un  sobreviviente de la vida. Han sido tres amargas experiencias que han marcado su vida y de qué manera.

La primera cuando solo tenía siete años, jugando con gasolina, sufrió graves quemaduras de tercer grado en su cuerpecito. En el accidente se comprometieron órganos internos, las dos piernecitas y un brazo. Fueron días terribles para sus padres y sus hermanos.

Los médicos en Valledupar pensaron que no sobreviviría, por eso tuvo que ser trasladado al Hospital Militar de la ciudad de Bogotá. Y lo logró, volvió a la vida.

Después de estar internado ocho meses, contra todos los pronósticos con una pierna delicada, que su mamá no dejó que fuera amputada,  camino de nuevo gracias al cariño y la dedicación de ella y de sus hermanitos mayores.

La segunda vez, cuando fue secuestrado por la guerrilla hace 27 años y conducido por diferentes lugares de la Sierra Nevada durante cuatro meses; cruzando montañas, obligado a largas caminatas en medio de la maleza, y expuesto al peligro de un enfrentamiento con la fuerza pública; además del miedo y la  incertidumbre de poder ser ejecutado por sus captores.

En ese trance enfermó gravemente de gastroenteritis, lo que aceleró su entrega por el ultimátum de su madre a los captores, exigiéndoles su liberación, porque ella no iba a pagar si le entregan a su hijo muerto.

Y ahora que le tocó pisar esa puerta de entrada al Covid, con mucho temor, preguntándose si regresaría de la misma forma en que ingresó a la clínica; o tal vez  por la puerta de atrás, por donde salen los que ya no tienen esperanza.

Lo que sí tiene claro Rodo Molina, es que en estos tres desafortunados episodio de su vivir, Dios lo cuido. Y que  su mamá tampoco lo dejó solo. Con la  certeza que anida en lo más profundo de su corazón. Sabe que ella desde aquí, y desde allá, donde se encuentra; oró, luchó, negoció, dobló rodillas y habló con Dios; para traerlo de regreso al amor de los suyos.